México, la UABC y su cambio de rector

Jesús Francisco Galaz Fontes,
Facultad de Ciencias Humanas, UABC Mexicali

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Desde finales del siglo pasado se ha comentado ampliamente que México vive, entre otras no menos importantes, transiciones en lo económico, en lo político y en lo social. De una economía significativamente estatizada y centrada en el país, hemos pasado a una de libre mercado abierta al mundo; a partir de un supuesto sistema democrático con una “presidencia imperial” que se manejaba como una “dictadura perfecta,” se ha construido un sistema pluripartidista que pretende merecer el adjetivo “democrático,” y de un esquema de bienestar (educación, salud, vivienda) socialmente solidario (al menos en el discurso), nos hemos deslizado a una situación en la que los individuos están cada vez más aislados, a pesar de vivir, más y y más frecuentemente, en colectividades.

A lo largo de todo este “tiempo mexicano” la educación superior ha tenido un papel importante, sobresaliendo el rol que ha jugado en la preparación de los profesionistas requeridos por el sector productivo y los sucesivos gobiernos del país. No obstante, a pesar de que hoy día hay muchos más universitarios que nunca antes en la historia del país, el hecho es que, a pesar de todos los avances logrados, el país se encuentra en una situación lamentable. Independientemente de que aplaudamos o no, el país no despega: persisten grandes inequidades y el potencial nacional para un desarrollo sustentable no tiene condiciones para caminar significativamente en la construcción de una sociedad más justa y con mejores niveles de vida para todos los mexicanos.

Habiéndose desarrollado a la sombra de la estructura, dinámica y cultura gubernamentales, las universidades públicas mexicanas funcionan, en mucho, dentro de los márgenes que esa herencia establece y, como para el gobierno mexicano la esencia de nuestros retos se encuentra en la economía, nuestras universidades han concentrado sus esfuerzos, incluyendo de una manera particular su discurso acerca de ello, en responder a las demandas de la dinámica económica del país.

¿Realmente es la economía el problema central de México? Hace algunas semanas la analista Denise Dresser escribió una columna titulada Es la corrupción, estúpido. Lo que plantea es algo sencillo. México no podrá avanzar ni en lo económico, ni en lo social ni en lo político, si no se combate de una manera frontal la corrupción gubernamental, y de ahí que la autora identifique una “urgencia del involucramiento ciudadano para sacudir a un gobierno que entiende demasiado bien lo que la corrupción significa.”

Si la lectura oficial de la situación nacional es correcta y la economía es el principal (o inclusive el único) reto que es necesario atender, entonces la respuesta de las universidades públicas mexicanas está bien orientada. No hay nada de qué preocuparse: con más y mejores profesionistas los problemas del país desaparecerán; poco a poco seguramente, pero desaparecerán. Pero si el problema no es exclusivamente económico, entonces algo no están haciendo bien nuestras universidades, ya que entonces deberían atender de una manera urgente la formación de ciudadanos que puedan, como lo señala Denise Dresser, “sacudir a un gobierno que entiende demasiado bien lo que la corrupción signfica.”

La Universidad Autónoma de Baja California, como prácticamente todas las universidades públicas mexicanas, no es ajena a la situación que hemos descrito. Nace del gobierno y hereda de él una determinada cultura que le hace cada vez más difícil participar de una manera más decidida en el mejoramiento de nuestra sociedad. Estamos de acuerdo, en lo económico se necesita formar profesionistas mejor preparados y con una actitud emprendedora, pero al mismo tiempo se requiere atender de una manera especial la formación de ciudadanos. El comportamiento de nuestros gobiernos (y no olvidemos que la mayor parte de nuestros representantes “populares” y gobernantes son egresados de nuestras universidades, incluyendo a la UABC por supuesto) es una muestra más que evidente de que no es suficiente que las universidades generen más profesionistas e, inclusive, más y mejor investigación. Se necesitan ciudadanos que combatan la corrupción, asuman un liderazgo social y ayuden a tomar decisiones para el beneficio de todos. El problema es que, lamentablemente, la vida interna de nuestras universidades, como la de nuestros gobiernos, transita por dos vías que frecuentemente son paralelas y no se tocan: por un lado la del discurso y, por otro, la de los hechos.

El Dr. Juan Manuel Ocegueda Hernández tomó posesión como rector de la UABC el pasado 27 de enero. Durante más de diez años, a lo largo de las administraciones rectorales del Dr. Alejandro Mungaray Lagarda, el Dr. Gabriel Estrella Valenzuela y el Dr. Felipe Cuamea Velázquez, observó de cerca y ayudó a construir, desde la Jefatura de la Unidad de Presupuesto y Finanzas, la dinámica financiera de la institución. El Dr. Ocegueda Hernández tiene ante sí muchos retos, pero uno de ellos es ir, curiosamente, más allá de la función económica de la institución, función que él conoce muy bien. Es necesario construir un ambiente institucional, incluyendo en él de una manera sobresaliente el comportamiento ejemplar de sus autoridades y personal académico, que promueva decidídamente la formación de ciudadanos. No es una tarea sencilla, pero es factible, sobre todo si se parte de que es posible y conveniente distinguir el discurso de los hechos, y que para ello es indispensable la libertad de expresión y la crítica.

El discurso nunca ha sido un problema para nuestras administraciones rectorales, y por ello un gran segundo reto para el Dr. Ocegueda Hernández será el acercar lo más posible el comportamiento de la institución al nivel de su discurso (colegialidad no es igual a un autoritarismo disfrazado, por ejemplo). Es necesario dejar a un lado La universidad de papel de la que habla Luis Porter, para transitar a la universidad que el país demanda en lo económico, en lo político y en lo social. Todo cambio trae consigo la esperanza de que las cosas mejoren. Ojalá sea éste el caso para la Universidad Autónoma de Baja California.

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