La Esperanza por el Respeto a la Academia (segunda parte)

Arturo Jiménez Cruz,
Facultad de Medicina y Psicología, UABC Tijuana

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En lo noventas, la subsecretaría de educación superior, en parte por presiones externas, en parte por los magros resultados, decidieron iniciar programas institucionales para el desarrollo de los profesores, que incluían incentivos al trabajo académico. Las autoridades universitarias aceptaron parcialmente el reto, pero tanto la subsecretaría como los rectores en todas las universidades permitieron las simulaciones, el maquillaje al currículo y a los procesos académicos. Cuerpos colegiados de cuates, organización de congresos “patito”, sin aval de calidad, libros financiados por las universidades; maestrías y doctorados de los profesores obtenidas en programas sin calidad, profesores y autoridades que se graduaban teniendo de sinodal a sus subordinados o a su inmediato superior, profesores y autoridades que se graduaban en sus propias unidades académicas, profesores que trabajaban de tiempo completo en dos instituciones, eran miembros de cuerpos colegiados y realizaban una maestría o un doctorado y terminaban con mención honorífica. El nepotismo, el incesto académico y la endogamia prevalecieron.

Para prevenir la autocomplacencia en la primera década de este siglo se inició el programa de intercambio académico internacional. Las autoridades centrales comprendieron que era necesario que los estudiantes y los profesores conocieran otras instituciones, que tuvieran otros referentes. Sin embargo, lo extendieron a profesores mayores de 40 años sin experiencia en publicaciones con factor de impacto. Profesores cuyos valores estaban tan consolidados que ningún intercambio los podría hacer cambiar de perspectiva.

El intercambio académico de los estudiantes y profesores es una excelente medida para que conozcan a otros académicos e instituciones, siempre y cuando la movilidad sea en estancias mayores a seis meses; en el caso de quienes presenten trabajos en congresos, debe estar vinculado a un compromiso de publicar en el siguiente año. Estos intercambios pueden aumentar las colaboraciones internacionales y pueden ser generadores de hipótesis para crear proyectos. Pero en estos casos se debe incluir compromisos para publicaciones en los años subsiguientes. De otra manera, son recursos que no serán útiles para lograr el objetivo de la movilidad académica y podría ser una buena iniciativa que se pervierta.

Al mismo tiempo las autoridades se dieron cuenta de que México era un país muy atrasado en cuanto a cobertura de jóvenes en el nivel superior y en el número de doctores por habitante. Más de 10 países en Latinoamérica y de todos los países desarrollados, nos superaban en cobertura a los jóvenes de 18 a 24 años y en el número de doctores. Decidieron nuevamente, sin una planeación adecuada, sin los profesores y recursos apropiados, y sin la participación de los cuerpos colegiados conformados por los mejores académicos, iniciar una rápida ampliación de cobertura y la conversión “fast track” de los profesores en maestros y doctores. Parcialmente, debido a la codicia de los empresarios de la educación y a una probable incompetencia para otorgar permisos para la creación nuevas carreras, la medida ha dado resultados contraproducentes. Aumentaron las universidades privadas “patito” que han “vendido” títulos de todos los niveles y a todos los precios. La mayoría de esos egresados se han convertido en NINIS (sus padres fueron y son estafados sin la adecuada protección de los gobiernos), los que no son NINIS y cuentan con palancas, se han convertido en profesores en algunas universidades públicas, otros en universidades privadas “patito”. Son profesores de un sector de las siguientes generaciones.

Frente a esta situación, la Subsecretaría de Educación Superior sugirió en el 2013, que se cerraran todos los programas de postgrado que no pertenecieran al PNP. Algunas universidades lo han aceptado debido a que por un lado, desean mejorar y por otro existe algún incentivo económico. Otras continúan con el despilfarro de recursos del erario y son excluidas de algunas partidas presupuestales. Sin embargo, entre las mejores 20 universidades de México, todavía existen programas que evaluadas correctamente, están en riesgo de desaparecer del PNP. Las autoridades apuestan a que el gobierno no puede dejar de financiar el postgrado, aunque sea de mala calidad. Además, a la mayoría de universidades privadas no les interesa tener programas acreditados de licenciatura ni de postgrado. Su principal objetivo son las ganancias. En las instituciones públicas, las autoridades menos responsables ruegan a dios que los evaluadores no identifiquen lo que ya saben: que no cumplen con los requisitos para mantenerse en el PNP.

En ese contexto, la esperanza para mejorar las universidades se encuentra en las nuevas generaciones que están ingresando como académicos de los programas en el PNP o de las mejores universidades del mundo y en un grupo de profesores que han sabido mantener la integridad y la vocación por la enseñanza. Esas que han tenido experiencia de intercambio académico internacional durante cuando menos seis meses. Una generación que les ha tocado estudiar en la época de las redes sociales, de los “rankings” de universidades, de la transparencia, de las publicaciones con factor de impacto; que han conocido a profesores e instituciones donde prevalecen las publicaciones en revistas con factor de impacto, la influencia internacional, y las citas a sus trabajos por pares de las mejores universidades. Profesores que han vivido, gozado y vivido en un período en que los indicadores académicos de alto prestigio ponen en evidencia a los evaluadores del sistema nacional de investigadores, de los proyectos de investigación, de los premios institucionales, de los estatales, de los nacionales y de los internacionales; que ponen en evidencia las decisiones de los rectores, de los consejos técnicos, de los consejos universitarios y de las juntas de gobierno; en una época en la que es más difícil engañar a todos. En un periodo en la que se puede diferenciar con facilidad entre un congreso, un curso, un conferencista o una autoridad universitaria “patito” y una “académica”.

La esperanza también lo forman los estudiantes menores de 35 años, quienes han crecido en un país con alternancia, que lucha por una democracia real que se resiste a llegar. El perfil de estas nuevas generaciones es distinto al de los profesores que ingresaron en los setentas y en los ochentas del siglo pasado y que no han sabido adaptarse a las nuevas demandas y en el que los valores no han sido su tarjeta de presentación, en el de quienes descalifican las publicaciones evaluadas con rigor científico. La esperanza significa más profesores capaces de desafiar, mediante el pensamiento racional, la verdad establecida.

Jóvenes, que tengan como referentes las mejores universidades y académicos del mundo y de su país; jóvenes que no se sienten inseguros cuando van al extranjero o cuando hablan con académicos extranjeros; quienes no se proponen excluir a los mejores académicos, sino que la consideran parte indispensable para ser más competitivos. Jóvenes, que desean participar activamente en el presente y en el futuro del país; que rechazan el plagio o que serían incapaces de pedir la inclusión de su nombre en un artículo o libro en el que no participaron de manera sustancial; jóvenes que ambicionan participar en la transformación de sus propias unidades académicas y universidades mediante el respeto al trabajo académico y al trabajo bien hecho; que se indignan cuando los pretendan engañar, y que aprecian el valor de los cuerpos colegiados con alta productividad académica. Jóvenes que en lugar de buscar la fidelidad entre sus compañeros y hacía las autoridades, prefieren buscar la verdad; jóvenes con capacidad para tomar decisiones independientes, para desarrollar el pensamiento racional. Jóvenes que rechacen las simulaciones, el maquillaje del currículo, las trampas, el plagio y la corrupción. Jóvenes que se avergüencen de las prácticas del nepotismo.

Las instituciones que sean capaces de incorporar como académicos al mayor número de jóvenes con este perfil serán las instituciones del presente y del futuro.

Con el cambio de poder en una institución de educación superior renace la esperanza por un mayor respeto a la academia, por el trabajo honesto y por el aprecio al trabajo bien hecho.

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