La autocomplacencia y la generosidad de los cuerpos colegiados universitarios

Arturo Jiménez Cruz
Facultad de Medicina y Psicología, UABC Tijuana

Expertos internacionales y nacionales coinciden en asegurar que  México requiere una Reforma Educativa.  Las diferencias entre ellos son sobre el tipo de Reforma que el país requiere.

Los evidencias son fuertes: México entre 121 países ha sido evaluado en el lugar número 86; en ciencias y matemáticas, entre el 100 y 110. La deserción en secundaria y en preparatoria es de más de 70%. En la Universidad oscila entre 20 y 40%. Cientos de alumnos de tercer año de primaria no saben leer, decenas de miles de alumnos de secundaria no entienden lo que leen, miles de alumnos de preparatoria, son analfabetos funcionales y en computación. Miles de alumnos de las universidades no han escrito ensayos, tienen deficiencias en ortografía y no leen con fluidez un segundo idioma.

Si la educación primaria es deficiente, los alumnos que llegan a la secundaria tienen grandes desventajas; si la secundaria también lo es, los que egresan del bachillerato están limitados. Lo mismo puede decirse de quienes llegan a la licenciatura y al postgrado. Si los alumnos del postgrado tienen deficiencias, los maestros, los académicos, las autoridades y los cuerpos colegiados de las universidades, que son egresados de un sistema deficiente, también lo son y la perspectiva de quienes deciden es limitada, localista, sesgada y autocomplaciente. Hay excepciones. Existen quienes a pesar de todo pueden destacar en el ámbito internacional y contribuyen al desarrollo del país, pero no es el resultado de una política específica ni el medio para que un país sea competitivo.

Todos, la mayoría con enormes limitaciones y algunas excepciones que no se han dedicado a la actividad empresarial o han emigrado a otros países, son los que realizan el diagnóstico y propuestas de solución de las unidades académicas, de las instituciones, de las Secretarías de Educación en los Estados, de la SEP, de las comisiones legislativas.

¿Cuáles son algunos de los diagnósticos sobre las universidades y carreras de licenciatura, que he escuchado de los algunos miembros de cuerpos colegiados?

De cara a las acreditaciones, las evaluaciones, los informes, el requerimiento de presupuesto “nuestras institución es la mejor”; “Se ha hecho mucho con los recursos disponibles”, “estamos mejor que otras universidades”. Es decir, la autocomplacencia de quien es producto de un limitado sistema educativo, de quien no ha tenido experiencia de estudio o trabajo en universidades de mayor calidad o de quienes no han aprendido la autocrítica ni la valoración de mejores referentes.

Otros señalan que los alumnos llegan a las universidades menos preparados, que hay mayor deserción escolar, menor vocación por las carreras, menor calidad de los egresados y un menor compromiso (que antes) con las actividades relacionadas con la profesión.

Para algunas  autoridades universitarias los responsables son los niveles de educación previa, los padres, un entorno perverso generado por la sociedad, los gobiernos, los alumnos, los empresarios, pero en raras ocasiones escuchamos un discurso de autocrítica de los perfiles de quienes toman las decisiones dentro de las universidades y unidades académicas, de los diagnósticos y propuestas erróneas, de las simulaciones para justificar el puesto, para lograr acreditaciones y para obtener más recursos; tampoco sobre el perfil de quienes conforman los cuerpos colegiados.

¿Cuáles son las propuestas más frecuentes de parte de autoridades y cuerpos colegiados?

Para las licenciaturas: “Reformas a los diseños curriculares, cursos para promover valores y control de asistencia de maestros y alumnos”.

Para el postgrado: cursos de redacción, plagios ¨inteligentes y discretos¨, simulaciones, recursos para quienes no publican, bloqueos para quienes publican (para homogeneizar argumentan), etc.

Es decir, tanto en la licenciatura como en el postgrado, las mismas recetas que han fracasado en los últimos 30 años.

Otras reflexiones podrían ser de utilidad:

  1. ¿Es el sistema de selección adecuado para los alumnos de todos los niveles y disciplinas?
  2. ¿El perfil de los profesores es adecuado para las necesidades de formar recursos humanos críticos, creativos, competitivos, tolerantes, flexibles?
  3. ¿El perfil de todas las autoridades y de todos los cuerpos colegiados es apropiado para la vinculación de proyectos de calidad?
  4. ¿El perfil de quienes conforman las comisiones académicas son congruentes con el perfil de los profesores necesarios para lo que una sociedad el conocimiento requiere?
  5. ¿El ejercicio, la distribución, asignación y ejercicio de los recursos de las unidades académicas y de las instituciones, es congruente con la visión y misión de las universidades?
  6. ¿Son los procesos académicos, la selección de los cuerpos colegiados y las decisiones que se toman, un buen ejemplo para promover los valores? }
  7. ¿Es posible cambiar los valores de los estudiantes mediante asignaturas, en un entorno que no facilita el aprendizaje, la crítica y la autocrítica, y con cuerpos colegiados que se resisten al cambio?
  8. ¿Es suficiente el cambio del diseño curricular de las carreras?
  9. ¿Se debe homogeneizar la productividad de los profesores teniendo como referente universidades con mayor o con menor productividad?
  10. ¿Son los miembros de los cuerpos colegiados, los autoridades,  los líderes sindicales del sistema educativo, y los legisladores estatales y federales, suficientemente generosos para escuchar a quienes cuentan con experiencia y evidencias académicas reconocidas por pares internacionales?
  11. ¿Son suficientemente generosos para dejar que se facilite el trabajo  académico en beneficio de los estudiantes, la comunidad, el estado  y el país?

Como respuestas a esas preguntas, es probable que descubramos que el  perfil y las decisiones de los cuerpos colegiados son bastante heterogéneos entre las instituciones, y en las propias instituciones y unidades académicas. El objetivo de las autoridades debería ser buscar que los cuerpos colegiados sean más homogéneos y congruentes con los planes de desarrollo institucional y con universidades más eficientes.

 

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