Universidad para todos

Adrián de Garay
Universidad Autónoma Metropolitana
Educación a Debate, agosto 1, 2012

¿Podría existir espacio para todos los que demandan ingresar a las instituciones
públicas tradicionales?

Cada ciclo escolar se repite la misma historia en la mayoría de las universidades públicas autónomas estatales, así como en la UNAM, en la UAM y el IPN: miles de aspirantes no logran ingresar a la carrera de su predilección. Para atender el problema de la creciente demanda, desde hace varios lustros el Gobierno Federal ha creado decenas de instituciones, la mayor parte de las cuales han sido universidades tecnológicas, universidades politécnicas o institutos tecnológicos. Una oferta que, además de insuficiente, no ha resultado atractiva para miles de jóvenes que desean ingresar a una universidad pública tradicional, lo que los lleva a esperar e intentar lograrlo en varias ocasiones, invirtiendo en ello un año o más de sus vidas, o bien, optando por ingresar a una institución privada que sus familias puedan sufragar con sacrificios.

¿Por qué no logran ingresar a la universidad miles de jóvenes? Existe un consenso entre analistas y autoridades en el sentido de que el problema de los “rechazados” se debe a la falta de espacios suficientes para recibir a toda la demanda. Y como no es posible aceptar a todos los aspirantes, las instituciones realizan lo que algunas llaman examen de selección y otras examen de admisión, salvo la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), que realiza un sorteo ante notario público para así decidir quienes tienen la suerte de ingresar.

Un importante conjunto de las instituciones públicas aplican a los aspirantes el examen diseñado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL), el conocido EXANI-II, el cual reporta sus resultados en lo que llama el Índice CENEVAL (ICNE). El ICNE es una escala de entre 700 y 1,300 puntos. La puntuación mínima (o la más baja) es 700 e indica que no se obtuvo ningún acierto; la máxima (o más alta) es 1,300 puntos, y significa que se acertó en todos los reactivos de la prueba. El ICNE tiene como propósito ser un referente a partir del cual las instituciones toman decisiones sobre el ingreso, ya que el resultado que reporta, según el propio CENEVAL, no representa el valor aprobatorio o reprobatorio del sustentante. De tal manera, que es incorrecto afirmar que un aspirante que no logra ingresar a una institución donde se aplica el EXANI-II, no significa que esté reprobado, como tiende a decirse en muchos espacios, incluso entre los propios “rechazados”. No ser admitido por una institución pública no significa que el joven aspirante haya reprobado el examen, y eso hay que decirlo, pues el nivel de frustración personal de los “rechazados”, y la “sanción” de los padres de familia a ellos es de consideración, porque ambas partes ignoran que no son reprobados, sino simplemente no admitidos por falta de cupo, y que los que logran ingresar lo lograron porque obtuvieron mayor puntaje, aunque la diferencia sea de un punto.

De tal manera que si los exámenes de selección son un instrumento para ordenar quienes tienen mayor y quienes menor puntaje; y cada institución establece, conforme a sus capacidades el cupo máximo que puede atender, es factible pensar que si las universidades tuvieran suficientes posibilidades de recibir a todos los demandantes, lo harían en sus respectivos programas de licenciatura, lo que de hecho ocurre en carrerasde baja demanda.

En consecuencia, lo que este país necesita para resolver la problemática es ampliar la capacidad instalada de las instituciones públicas tradicionales actualmente existentes, así como crear nuevas universidades, pero que no sean ni tecnológicas ni politécnicas, y menos ofrecer como alternativa el fraude que es la Universidad Nacional Abierta y Distancia, pues las mismas no han resultado ser una opción real para miles de jóvenes.

Ampliar la capacidad de las existentes es una política que se ha impulsado en el actual sexenio a través de varios programas desde el año 2007. Con este objetivo, hasta el año 2010 se habían repartido más de cuatro mil millones de pesos entre varias instituciones del País, generando en algunas de ellas una problemática adicional: su relativa masificación desmedida.

Por su parte, crear más instituciones cuesta mucho más dinero para comprar terrenos, construir edificios para aulas, talleres, laboratorios, bibliotecas y auditorios, así para el equipamiento correspondiente y, por supuesto, recursos para contratar al personal académico y administrativo. Una inversión multimillonaria que además debe mantenerse en el tiempo para permitir que cada institución se desarrolle en el futuro.

Pero en el supuesto de que el Gobierno federal, con el concurso de los gobiernos estatales, destinaran los recursos para iniciar la creación nacional de nuevas universidades públicas tradicionales, uno de los temas de fondo consistiría en qué carreras ofrecer. Porque si la lógica gubernamental consistiera en atender la demanda no atendida, acorde con las licenciaturas que miles de jóvenes demandan, las nuevas universidades deberían de ofrecer solamente carreras como Administración, Derecho, Contaduría, Medicina, Psicología, Pedagogía, Ingeniería en computación, Diseño Gráfico, Arquitectura, Ingeniería Civil, Ingeniería electrónica y Comunicación.

Una oferta que justo buena parte de las universidades privadas denominadas por los expertos de “atención a la demanda” se han dedicado a atender, y por ello en buena medida la razón de su proliferación y expansión en México. Ante lo cual vale la pena preguntarse si las universidades públicas deben convertirse en instituciones que simplemente respondan a lo que la sociedad demanda, o deben insistir en ofrecer muchos programas que están diseñados para formar profesionistas en otras áreas del conocimiento, del desarrollo tecnológico, de la ciencia y las humanidades que nuestro país requiere, esto es, una oferta educativa que pase por una reflexión y programación educativa que también ponga en sus decisiones la pertinencia de la oferta. Ese es un de los dilemas del futuro de la educación superior púbica.

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