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SNI: Luz y sombra

Sergio Aguayo Quezada (saguayo@colmex.mx; http://www.sergioaguayo.org)
El Colegio de México
Publicado en Reforma, noviembre 30, 2011

A la memoria de Nepomuceno Moreno, otra víctima de autoridades omisas.

En la academia también se hostiga y castiga a los rivales pero ya existen mecanismos para defenderse.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) fue creado en 1984 para “reconocer la labor de las personas dedicadas a producir conocimiento científico”; ser investigador del SNI da prestigio e ingresos adicionales. La institución presume de “criterios confiables y válidos” en sus métodos de evaluación y de Comisiones integradas por “pares”. Es cierto que se reconoce a colegas que producen conocimientos con honestidad y rigor, pero también se golpean adversarios y se favorecen aliados, pese a lo dicho por el SNI. En sus reglamentos y prácticas existen resquicios y huecos que permiten la floración de las filias y las fobias. Con cierta frecuencia se conocen denuncias sobre presuntas injusticias y en las tertulias del medio a veces se habla de estas prácticas. Añado aquí  una experiencia bien documentada.

En mis 34 años de académico como profesor-investigador de El Colegio de México he cosechado afectos e inquinas. Creo que una parte de estas últimas se originan en mi decisión de salirme de la Torre de Marfil; desde hace mucho opino y me involucro en los asuntos del momento. En México se tolera mal a los intelectuales públicos, una especie incómoda pero aceptada en otras culturas.

En 1996 padecí  las  consecuencias  de  que  una  colega  se  irritara  con  el  contenido de una columna publicada en Reforma. Me bajaron de nivel y cuando intentédefenderme me encontré  con  que  el  Reglamento  no  tenía mecanismo de apelación, lo cual violaba la garantía del debido proceso garantizado por la Constitución. Recurrí  a  la  Comisión Nacional de los Derechos Humanos  que, después de estudiar el caso, recomendó  al  SNI  establecer  instancias  para  atender inconformidades. Así lo hizo y logré que me regresaran al nivel perdido.

En 2010 sucedió  lo  mismo:  me  degradaron  de  la  categoría III a la II. Apelé, presenté  evidencia y meses después una Comisión Revisora me regresó  el galón. En la academia los susurros viajan a la velocidad del sonido. Hubo quienes me contaron que en el golpe que me asestaron influyó el encono de un colega con el cual he cultivado con particular esmero un historial de agravios mutuos. Según estas versiones, la enemistad manifiesta no le impidió  juzgarme  con  lo  que incurrió  en  un  conflicto  de  interés, un término poco incorporado en nuestra cotidianidad. También supe que la misma Comisión había  favorecido  a  otros colegas lo que hacía posible un hipotético tráfico de influencias (me das tu voto 2para ayudar a éste y yo te doy el mío para fregar al otro).

Las filtraciones me pusieron en un dilema:  ¿averiguar lo que había pasado o retirarme con mi  orgullo hojalateado? Opté  por  lo  primero  porque  estoy convencido de que el cambio vendrá  en  la  medida  en  que  defendamos  día a día nuestros derechos. Lo gratamente positivo fue constatar que sí  existen mecanismos para enfrentar y corregir posibles agravios. Aunque me llevó un año, la intervención del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos me permitió  obtener  evidencia  sobre  las  luces  y  las  sombras  del  SNI.  No me dieron los nombres de los evaluadores pero demostré  que  me  juzgaron  con rigor extremo y que a una colega le dieron trato de privilegio. Fui discriminado.

Con esa evidencia presenté hace unos días una queja a la Junta de Honor del SNI (texto y anexos disponibles en www.sergioaguayo.org). En ella pido que se haga una investigación exhaustiva sobre posibles violaciones al Reglamento y que se establezcan responsabilidades. También le solicito que averigüe qué  tan frecuentes son los hostigamientos o los mimos, en otras palabras:  ¿es una corrupción anecdótica o sistémica? Finalmente, planteo la necesidad de que el Reglamento del SNI se enriquezca incluyendo el “conflicto de interés” y el ”tráfico de influencias”. Para evitar el burocrático carpetazo presentaré  una petición ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y posiblemente ante la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación.

El SNI es una institución útil para la academia mexicana pero al igual que otras dependencias tiene fallas que pueden corregirse porque existen mecanismos para combatir y limitar los abusos. Ya veremos si el SNI quiere y puede corregir las sombras que manchan su historial. Ya cumplí con señalarlas.

[En la dirección http://sergioaguayo.org/html/academicas/sni.html se puede encontrar la documentación asociada al proceso comentado en esta nota.]

 

 

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