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La Junta de Gobierno y la Autonomía Universitaria (Parte I): La Junta de Gobierno como concepto

Leonel Cota Araiza (leonel@cnyn.unam.mx)
Centro de Nanociencias y Nanotecnología, UNAM Ensenada

Me defino como un aficionado a la historia, de ahí mi gusto por participar en el Seminario de Historia de la Educación Superior que tan brillantemente coordina el destacado universitario y merecidísimo Doctor Honoris Causa, David Piñera Ramírez. Si algo he aprendido en las interesantes discusiones que allí se presentan, es que el desarrollo académico de nuestras instituciones de educación superior se ha dado después de intensos debates, conflictos y enfrentamientos, no siempre de los universitarios con los poderes del Estado mexicano, aunque también los hemos tenido, sino principalmente entre los mismos universitarios. Y así podemos repasar la fundación de la Universidad Nacional de México en 1910 y la gran actividad de concertación, planeación y convencimiento, basada en convicciones muy acendradas y de la visión del papel fundamental de la Universidad en el desarrollo de nuestro país. Esta destacada labor desarrollada a lo largo de varias décadas por el insigne educador y político del siglo XIX, Don Justo Sierra Méndez, pudo lograr su cometido ya que fue capaz de concertar una decisión política al lograr la aprobación de la Ley Constitutiva de la Universidad Nacional de México por la Cámara de Diputados y una decisión académica en torno a la confederación de las Escuela Nacionales ya establecidas con ganado prestigio y contando con apoyos gubernamentales. Ese fue el caso de la Escuela Nacional de Ingenieros, la Escuela Nacional de Medicina, la Escuela Nacional de Jurisprudencia y la Academia de Arte de San Carlos, entre otras. Una razón por la que aceptaron unirse en un nuevo proyecto universitario fue la garantía de Don Justo Sierra de que conservaría su autonomía para las decisiones académicas y administración de sus recursos.

A pesar de los efectos turbulentos que tuvo la revolución mexicana en la vida académica de la UNM, ésta sobrevivió la etapa armada de la revolución, considerando que entre los universitarios siempre hubo simpatizantes de todas las corrientes políticas en constante pugna. Con todas las dificultades y discrepancias imaginables, los universitarios encontraron elementos para un planteamiento solidario en contra del la Secretaría de Educación Pública que pretendía establecer exámenes de trayecto (trimestrales) para medir el aprovechamiento de los estudiantes universitarios. La confrontación con el gobierno condujo a que el presidente Emilio Portes Gil planteara como salida del conflicto, el otorgarle plena autonomía a la Universidad para que los asuntos académicos propios de la Universidad se discutieran y se resolvieran al interior de la misma. También llevaba la intención de que la Universidad buscara mecanismos de autofinanciamiento para que eventualmente se redujera el subsidio del gobierno. Así, la década de los 30’s fue de grandes penurias para la Universidad que no encontraba los recursos suficientes para atender a la creciente demanda de estudios superiores. En plena crisis económica, se reforma la Ley Orgánica en1933, y la Universidad pierde el atributo de Nacional aunque mantiene el de Autónoma, colocándose en el centro del gran debate nacional ante un Estado que impone la educación socialista como norma (Art. 3º Constitucional) y se enfrenta a una Universidad que se aferra a la libertad de cátedra y de investigación bajo el liderazgo del rector Manuel Gómez Morín. Lombardo Toledano por una parte y Antonio Caso por otra, escenifican históricos debates ante una Universidad políticamente polarizada. De ese conflicto y las dificultades del Consejo Universitario de llegar a un consenso respecto a la elección del rector, surge la inquietud por una reforma universitaria que la garantizara estabilidad. Fue Don Alfonso Caso el arquitecto de dicha reforma y logró consensuar en aquel dividido Consejo Universitario de la década de los 40’s, la propuesta que eventualmente se convirtió en una nueva Ley Orgánica para la Universidad, promulgada en 1945. Es importante poner énfasis en el hecho de que la propuesta fue intensamente debatida en el Consejo Universitario. Se escucharon voces representantes del espectro político de la época y con visiones alternativas del modelo de universidad que se buscaba. No fue el producto de un reducido grupo político que promoviera la mencionada reforma desde los pasillos de la Cámara de Diputados. Se generó un amplio consenso en respetar la propuesta de los universitarios. Dicha Ley contiene como elemento fundamental para garantizar la ordenada elección de rectores y directores de Facultades, la figura de la Junta de Gobierno.

En su interesante libro, ”La Autonomía en la Constitución y en la Ley”, el Dr. Sergio García Ramírez destaca el importante papel de la Junta de Gobierno en la nueva Ley Orgánica de la UNAM, la Ley Caso. Citando al propio Alfonso Caso, la autoridad de la Junta de Gobierno reside en que se compone de “personas de autoridad moral y científica indiscutible, y totalmente alejadas de los intereses inmediatos de los profesores y estudiantes universitarios”. Y agregó después, “un cuerpo colegiado que carezca totalmente de intereses personales dentro de la universidad, y que se guíe en sus decisiones exclusivamente por el beneficio de la institución”. Don Andrés Serra Rojas defendió la propuesta de la Junta de Gobierno en el sentido de que respondía a “la constante preocupación de los universitarios, para evitar esos periódicos desórdenes que sucedían en cada elección de rector y también al ánimo de que la política intencionada y particular, no se sobreponga a las altas finalidades docentes de la institución”

Con la adaptación de la Ley Orgánica de la UNAM de 1945, a otras universidades del país, particularmente las autónomas de los estados, se ha ido perdiendo el espíritu que dio origen a la Junta y en lugar de recuperar las motivaciones que la inspiran, al enfrentarse dificultades, inmediatamente se observan propuestas para eliminar esa figura y buscar otras alternativas. Con mi experiencia de 11 años en la Junta de Gobierno de la UABC, considero que el concepto original que inspira el funcionamiento de la Junta de Gobierno es válido y que es responsabilidad de los universitarios asegurarse que sus integrantes cumplan con el perfil que nos recomendó Don Alfonso Caso. Corresponde a la comunidad universitaria evitar, como medida de sobrevivencia institucional, el control y manipulación de nuestros órganos colegiados por parte de personas sin escrúpulos, ligados al poder público, o peor aún, para satisfacer ambiciones personales o de grupo. La Universidad es un bien colectivo, se debe al pueblo y su misión y compromiso es con la calidad de los servicios docentes, de la investigación y de la divulgación de la cultura para beneficio de los jóvenes y de la comunidad en general. Ese es el fin último de la universidad y la autonomía universitaria nos asegura los instrumentos institucionales para lograr ese noble fin.

5 comentarios a La Junta de Gobierno y la Autonomía Universitaria (Parte I): La Junta de Gobierno como concepto

  • Steven Pinker, en su libro “The Blank slate” hace una clasificación de todas las vertientes políticas en dos grupos: la visión trágica y la visión utópica.
    La visión trágica considera que no existe una solución perfecta para los problemas, que la solución a la que se llegó históricamente, debe ser la mejor posible y que cambiarla solamente empeorará las cosas.
    La visión utópica considera que SI existe una solución perfecta para los problemas, que la solución a la que se llegó históricamente no tiene ninguna razón para ser respetada y que cambiarla muy probablemente mejorará las cosas.
    La visión trágica de la UABC es la que augura un gran desastre si se hace cualquier cambio al estado de cosas, como las catástrofes que ocurrirían si las sesiones de la Junta de Gobierno se transmitían por internet.
    La visión utópica de la UABC es la que pretende reemplazar todo de un jalón, ignorando cualquier antecedente histórico, como aquellos que piden que la elección de Rector se haga por sufragio universal.
    La Junta de Gobierno de la UABC es una solución histórica al problema de la toma de decisiones. ¿Se acabará el mundo si se le hace cualquier cambio a su estructura? ¿Deberíamos prescindir completamente de ella y buscar algo mejor? Visión trágica, visión utópica.
    Me gustó su visión histórica. Yo creo que podríamos empezar cambiando los reglamentos de la UABC para hacerlos más parecidos a los de la UNAM.

  • Doctora Lydia Alvarez:

    En UABC nadie está pidiendo la elección de rector por voto universal, es decír, nadie propone que voten todos los profesores, investigadores, trabajadores y estudiantes.

    Hay propuestas, sí, de que sea electo por votación de todos los profesores e investigadores que tengan al menos cinco años ininterrumpidos trabajando para la universidad.

    Hay quienes proponen que voten sólo los de carrera, tiempo completo y medio tiempo con esa antiguedad, pero insisto, nadie propone votación universal.

    Daniel

  • Estimados colegas, Lydia y Daniel:
    Discutir nuevas formas de gobierno para la Universidad es un ejercicio positivo y saludable. Ojalá se pudiera dar un debate abierto y con el interés de la Universidad como objetivo. Mi posición es que el sistema de Junta de Gobierno en la UABC todavía tiene posibilidades si los universitarios deciden dar los siguientes pasos: 1)asegurar que quienes se integren a la Junta de Gobierno tengan, en lo posible, el perfil sugerido por Alfonso Caso, internos o externos a la UABC; 2) impedir que se incorporen ex-rectores de la UABC a la Junta de Gobierno; 3)impedir que se incorporen funcionarios públicos de primer nivel (miembros del gabinete de gobierno estatal) a la Junta de Gobierno; 3) fortalecer la vida colegiada, rescatando la justa dimensión de autoridad universitaria para los Consejos Técnicos de Facultades e Institutos; 4) que la contratación, promoción y definitividad del personal académico, dependa de evaluaciones de comisiones dictaminadoras de pares académicos del más alto nivel e independientes y su ratificación por parte de la autoridad del Consejo Técnico respectivo. Eliminar el perverso procedimiento actual en que la comisión dictaminadora responde a los deseos del rector en turno. Si la comunidad universitaria decidiera avanzar en al menos estos cuatro aspectos, seguramente tendríamos una UABC diferente.
    Leonel

  • A propósito del Dr. Vicente Lombardo Toledano, mencionado en este artículo del Maestro Leonel, me permito recordar textualmente algo de lo mucho que él nos legó acerca de la educación, y en particular de la Universidad:

    “…¿en qué se distingue una universidad de otra institución educativa? ¿Cuáles son los elementos que la constituyen? ¿Cuándo se puede decir que una universidad existe?

    La Universidad moderna es una institución basada en el saber universal y abierta a la universalidad del pensamiento y de las disciplinas superiores del espíritu humano….lo que la define y la hace respetable es el alto grado de sus enseñanzas, la calidad superior de sus maestros, su aptitud para elevar el nivel de sus actividades intelectuales al ritmo del progreso científico y de las corrientes filosóficas y las realizaciones del arte que renuevan las ideas y abren nuevas perspectivas para la humanidad, haciéndola cada vez más dueña de la naturaleza y más rica por el crecimiento de sus cualidades creadoras.

    La Universidad forma profesionales. Pero éstos no sólo deben ser capaces en su oficio, sino poseer también la aptitud necesaria para ahondar en la actividad elegida, para hacerla más eficaz y socialmente útil, disponiendo de una cultura general que les permita contribuir, con sus opiniones y su trabajo, a mejorar la vida del pueblo en todos sus aspectos y a dar su contribución para la grandeza del país al que pertenecen.

    La Universidad forma maestros, pero éstos deben ser investigadores en las disciplinas que imparten, contribuyentes para la ampliación del saber y la comprobación, en la práctica, de la validez de las ideas que preconizan, huyendo de la transmisión y de la repetición mecánicas de la enseñanza, al margen de las grandes transformaciones de la vida.

    La Universidad extiende su acervo educativo por medio de publicaciones periódicas y de libros. Pero éstos deben representar lo nuevo en los diversos dominios del conocimiento, y no los valores que sólo la inercia y la pereza cultivan.

    La Universidad se dedica a la investigación científica; pero no es para equipararse a los institutos especializados en los diversos temas de las ciencias, sino para renovar las verdades que transmite y no quedar a la zaga de las nuevas ideas.”

    Tomado del artículo “Panorama de las universidades mexicanas”, Revista SIEMPRE No. 238, enero 15 de 1958, incluido en la obra “Una ojeada a la crisis de la educación en México”, de VICENTE LOMBARDO TOLEDANO.

  • Doctor Leonel Cota, profesora Martha Elvia, doctora Lydia Alvarez:

    Aplaudo la propuesta de reformas (casi toda) que Leonel plantea.

    Parece modesta, pero dado el estado de cosas que prevalece en la UABC es muy ambiciosa; tenemos que construir los consensos y lograr lo que dice Leonel a propósito de la Ley Orgánica de UNAM:

    ” ….la propuesta fue intensamente debatida en el Consejo Universitario. Se escucharon voces representantes del espectro político de la época y con visiones alternativas del modelo de universidad que se buscaba. No fue el producto de un reducido grupo político que promoviera la mencionada reforma desde los pasillos de la Cámara de Diputados. Se generó un amplio consenso en respetar la propuesta de los universitarios…”

    Tenemos que encontrar un punto de intersección entre las visiones utópica y trágica de que habla la doctora Lydia Alvarez, y llegar al Congreso del Estado con una iniciativa construida con paciencia y tenacidad.

    Prisa no tenemos, y la voluntad nos es obligatoria porque para eso nos paga el erario universitario.

    Y si logramos esa reforma (que la lograremos, desde luego) tendremos un gobierno universitario que preparará profesionales, por supuesto, pero que no se pondrá al servicio del mercado ciego, sino del conocimiento que convierte al ser humano en dueño de su propio destino, tal como refiere Lombardo en la cita invocada por la profesora Martha Elvia:

    “…La Universidad moderna es una institución basada en el saber universal y abierta a la universalidad del pensamiento y de las disciplinas superiores del espíritu humano…lo que la define y hace respetable es el alto grado de sus enseñanzas, la calidad superior de sus maestros, su aptitud para elevar el nivel de sus actividades intelectuales al ritmo del progreso científico y de las corrientes filosóficas, y las realizaciones del arte, que renuevan las ideas y abren nuevas perspectivas para la humanidad, haciéndola cada vez más dueña de la naturaleza y más rica por el crecimiento de sus cualidades creadoras…”

    No estaremos satisfechos de tener una casa de estudios cuyos planes y programas por ley deban operar (supuestamente) bajo el “modelo de competencias” que con muy estrecha visión los mungarayistas intentaron hacer obligatorio en el Estatuto Escolar (art. 113 y 119 reformados en 2006) bajo la limitada idea de convertir a UABC en un gran centro de capacitación en oficios varios.

    Todas esas tareas tenemos en UABC.

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